Profesor de educación de adultos Investigador y académico del CIDE (1975-2005) Docente de la Facultad de Educación de la UAH (2006-2015)

Testimonio de Jorge Zuleta R. (67 años)
Gestión: Cecilia Cardemil
Marzo 2017

¿Qué sientes al evocar a Patricio Cariola y comenzar a pensar en tu relación con él?
Lo recuerdo con mucho aprecio por su visionario aporte a la educación chilena, ya que fue cristalizando de manera progresiva un conjunto de aportes al proceso de cambio e innovación educacional.
En su condición de director fundador del CIDE convocó a un importante grupo de profesionales y técnicos, principalmente del ámbito educativo y de las Ciencias Sociales para diseñar e implementar una serie de iniciativas de investigación, educación no formal y popular para generar conocimiento sobre la escuela y sobre el trabajo educativo y de promoción social de comunidades campesinas, indígenas y poblacionales. Recuerdo una conversación con él en que me señaló enfáticamente que “Me entusiasma mucho reunir en el CIDE gente talentosa con el dinero que nos llega de la solidaridad europea para que se animen a plantear programas de investigación acción para contribuir al diseño de políticas en educación”
Mi relación con Patricio se inició el año 1974, cuando vine al CIDE en mi calidad de profesor de una escuela de Limache que estaba participando en el “Proyecto Alternativas” dirigido por Howard Richard. Vine al CIDE invitado a un taller de Dinámicas grupales impartido por Eddie Merciaca S.J. y Maggie Loayza.
Patricio sabía por Howard que yo estaría en este taller y en la mañana del 2º día (a la hora del café) se acercó para conocerme diciéndome “así que tú eres nuestro hombre en La Habana”, me dio la mano y enseguida me empezó a preguntar por las actividades que estaba realizando en la escuela, de cara al proyecto Alternativas. Ese día tuve la sensación de estar conociendo a un “cura choro”, alegre, respetuoso e interesado por la vida cotidiana escolar.
Un comentario interesante que me hizo Patricio fue “seguramente aprendiste algo en este curso con Eddie y Maggie, pero para que sea aprendizaje, lo tienes que aplicar en tu escuela de Limache. Ojalá te animes de hacer algo en las reuniones con las familias”

¿Qué me puedes contar acerca de la manera de ser de Patricio Cariola? Siéntete libre de referirte tanto a aspectos positivos como negativos.
Acerca de los aspectos positivos hay algunos que quisiera relevar. Uno de ellos era su tremendo amor y gozo por los niños y niñas. Cuando se presentaba la ocasión, alegremente se acercaba a conversar con los infantes. Recuerdo una foto donde se ve a Patricio muy risueño, rodeado y conversando con varios niños y niñas.
El segundo aspecto es que tuve la oportunidad de compartir con él en variadas actividades con grupos de personas, ya sea campesinos, indígenas y pobladores y siempre Patricio estableció un trato muy amable y respetuoso con todas las personas. En cierta ocasión, me dijo algo que marcó para siempre mi vida de trabajo educativo:
“Jorge, no te creas que los grupos solo están esperando que les aporten con plata, no es así. Las personas, esperan que los que llegamos a trabajar con ellos, les demostremos que nos interesa saber de ellos, escuchar sus opiniones y experiencias. Es decir, que estamos ahí por una cuestión de justicia social y dignidad humana”
También, era una persona muy seductora que prontamente no solo te persuadía de lo que te estaba planteando, sino que te dejaba muy entusiasmado y comprometido con llevar adelante “esa loca idea”.
Algo negativo que siempre me desconcertó fue que en determinadas situaciones afloraban en él actitudes y gestos muy autoritarios. Y no importaba, quien fuese su interlocutor.

Patricio Cariola fue toda su vida un sacerdote jesuita. ¿Qué me puedes contar sobre su relación con la trascendencia y su trabajo pastoral?
Recuerdo su labor pastoral en una parroquia de Cerro Navia donde diversos feligreses daban cuenta de que “las misas del padre Patricio eran entretenidas, en ellas no solo se escuchaba la palabra de Dios, sino que el padre nos hacía conversar entre nosotros…”
También, recuerdo que Patricio me contaba que usaba metodología freiriana para hacer la misa en Cerro Navia. Él tuvo un profundo compromiso de servicio pastoral en la mencionada comuna y siempre se refería con mucho cariño y orgullo a sus actividades en esa parroquia.
De manera complementaria agregaría que en sus viajes a Osorno, a propósito del Proyecto Padres e Hijos que estábamos implementando en la zona, fui testigo de varias misas y eucaristías que Patricio realizó a grupos de personas de las comunidades que participaban de nuestro proyecto CIDE. Estas instancias, teniendo muy en cuenta los componentes formales y tradicionales de la misa católica, casi siempre tenían alguna actividad sorpresa que se le ocurría a Patricio.
En una oportunidad, en la mañana de un día domingo estábamos con Patricio en los preparativos de un almuerzo comunitario, ya que era el término de una jornada de capacitación y evaluación con 50 coordinadores (as) de base. Después del desayuno, un pequeño grupo de personas comenzó el sacrificio de 6 corderos destinados para los asados al palo y cazuelas que tendría el almuerzo comunitario, donde también eran invitadas las familias de la comunidad que nos había ofrecido su apoyo y generosidad para nuestra estadía.
Con Patricio acordamos que a las 12:00 horas se realizaría una misa en la capilla de la comunidad. Llegado el momento nos reunimos alrededor de 100 personas (entre coordinadores, padres, madres, niños y jóvenes del lugar) para celebrar la tradicional misa de domingo en el campo.
Y es en este acontecimiento que llega la sorpresa de Patricio. Estando él en la mitad del oficio religioso, dice en voz alta, mirando a toda la concurrencia “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, y enseguida se agacha estirando su brazo derecho a un rincón del altar de madera y sorpresivamente levanta el brazo y todos vemos con ojos y bocas abiertas de asombro que Patricio tiene fuertemente agarrada la cabeza ensangrentada de un cordero y vuelve a corear a viva voz “¡¡Cordero de Dios que quita los pecados del mundo!!”.
Después de un par de minutos de susurros continúo la misa la que finalmente culminó con una invitación de Patricio, quién solicitó a todos los participantes acercarse al altar y depositar en su lado delantero una muestra de los distintos productos del mar y tierra que íbamos a compartir en el almuerzo comunitario. Esto ya había sido acordado durante la mañana. Así, muchas personas caminando de manera ceremoniosa, en completo silencio fueron dejando algunas unidades y racimos de papas, cebollas, porotos verdes, arvejas, tomates, piures, locos, almejas, cholgas, una botella de chicha de manzana y un par de platos con carne de cordero de una cazuela ya preparada.
Finalmente, de manera muy natural y espontanea los participantes fueron conformando un gran circulo, entrelazando sus manos, girando de derecha a izquierda y cantando a todo pulmón la canción Plegaria del Labrador, de Víctor Jara. Casi de manera instantánea, los dos cantores que habían apoyado los cantos que hubo durante la misa, comenzaron a rasguear en sus guitarras los sonidos de la canción.
Durante y después del generoso y sabroso almuerzo, Patricio recibió muchas muestras de cariño y admiración y él una vez más tuvo especial atención y cercanía con los niños y niñas que alegremente saltaban a su alrededor
Cuando regresábamos a Osorno, en dirección a mi casa, recuerdo que Patricio me dijo que lo vivido durante los días que estuvo con nosotros, en el marco del proyecto iban a ser una magnifica medicina para el cáncer que ya le habían diagnosticado.